
Un hombre vestido de plata está sentado frente a una mesa cubierta con un inmaculado mantel blanco y brillante. Da una orden y un elegante sirviente con los ojos cubiertos por una venda se le acerca y le sirve un manjar que el hombre devora con fruición, bebiendo de vez en cuando de una copa de finísimo cristal.
Hace un gesto y una anémica dama con el mundo oculto tras un trozo de tela le pone otra bandeja delante. El gozo del ser plateado aumenta. El contenido de su plato salpica de rojo y negro su cara, y el argento del traje se empieza a volver dorado.
Fuera del comedor se oyen gritos desesperados e iracundos…
Bebe, el líquido derramándose por la comisura de su boca creando una sonrisa diabólica; su cara deformándose por la expresión.
Le sirven un plato detrás de otro; acaba riendo como un loco… Pero su risa ya no es humana. Los ruidos del exterior aumentan, las puertas tiemblan. Por el suelo del salón corren ratas que devoran los restos caídos del plato de la criatura del traje de oro. Ya nadie le acerca lo que pide, pero él va hacia donde quiere y lo toma con sus patas, tirando parte del contenido.
Las entradas revientan, y millones de personas entran en la habitación. Donde esperaban encontrar a un villano antropófago con el estómago lleno de carne de inocentes, incluso de niños recién nacidos; lleno de sangre humana, no ven sino a un ser sin forma: una mezcla de cerdo, rata y despojos de hombre escondido tras un traje de platino.
Hace un gesto y una anémica dama con el mundo oculto tras un trozo de tela le pone otra bandeja delante. El gozo del ser plateado aumenta. El contenido de su plato salpica de rojo y negro su cara, y el argento del traje se empieza a volver dorado.
Fuera del comedor se oyen gritos desesperados e iracundos…
Bebe, el líquido derramándose por la comisura de su boca creando una sonrisa diabólica; su cara deformándose por la expresión.
Le sirven un plato detrás de otro; acaba riendo como un loco… Pero su risa ya no es humana. Los ruidos del exterior aumentan, las puertas tiemblan. Por el suelo del salón corren ratas que devoran los restos caídos del plato de la criatura del traje de oro. Ya nadie le acerca lo que pide, pero él va hacia donde quiere y lo toma con sus patas, tirando parte del contenido.
Las entradas revientan, y millones de personas entran en la habitación. Donde esperaban encontrar a un villano antropófago con el estómago lleno de carne de inocentes, incluso de niños recién nacidos; lleno de sangre humana, no ven sino a un ser sin forma: una mezcla de cerdo, rata y despojos de hombre escondido tras un traje de platino.
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